Dos amigas salieron solas, sin sus maridos. De regreso en la madrugada, les dio ganas de orinar, pero lo que había cerca era un cementerio. Decidieron entrar y hacerlo... La primera no encontró con que secarse, así que se limpió con su ropa interior y la tiró. La segunda agarró la cinta de una corona de flores del último funeral y se limpió con ella. A la mañana siguiente un marido llama al otro: ¡esto ya es el colmo!, estoy cansado de las salidas de éstas dos. Imagínate, llegó sin bragas a casa ... (ver texto completo)