No es fácil injertarse en ti, ísima mía.
Me doy cuenta de que fue risa y no tos
lo que te dije, y debo despensar las cosas
que puse en tu silencio, y salir de tus bocas de
y dejarte, mitad sola, gastada por mis vellos.
Es el día consuetudinario, conozco su censura.
Se diría que el
agua usada del llanto desbordara
de anteojos, baúles,
bodegas, por mi culpa,
que todas las guerras que pacen amarradas
se fueran galopando a
comer, solo porque
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