VENTOSA DE LA CUESTA: Pues bien, por expreso deseo de Kissinger, y contando...

Pues bien, por expreso deseo de Kissinger, y contando siempre con el beneplácito del Gobierno de Israel, la estación receptora de fotografías debe ser desmantelada de inmediato..Curtiss se hizo de nuevo con los documentos depositados en su carpeta y, dirigiéndonos una mirada de complicidad, aclaró:
-Esto implica una sustancial variación de nuestros primitivos planes. De momento, salvo que los jefazos de Washington no dispongan otra cosa, el retorno a la base de Edwards queda pospuesto. Ayer mismo, a mi regreso de Atenas, celebré una reunión urgente con el “gabinete de cocina” de Golda .
El único asunto sobre la mesa, como habrán intuido, fue éste: ¿qué hacer con la estación receptora? Estuvieron presentes la primer ministro, Golda; el viceprimer ministro, Alón; el ministro de la Defensa, nuestro siempre zozobrante Moshé Dayán; el jefe del Estado Mayor, teniente general David Eleazar; el jefe del Departamento de Investigación del Servicio de Inteligencia, general de brigada Arié Shalev y el jefe del Servicio de Inteligencia, general Zeira. Tras hora y media de intenso debate y por razones que, de momento, no estoy autorizado a revelarles, el Gobierno de Israel se ha mostrado conforme con el referido y fulminante desmantelamiento de las instalaciones, acordando su traslado a otro lugar secreto...
(Como ya relaté en las primeras páginas de este diario, en un minucioso estudio elaborado en Washington por el CIRVIS , con la estrecha colaboración del Departamento Cartográfico del Ministerio de la Guerra de Israel, se había establecido que la instalación de la red receptora de imágenes del satélite artificial Big Bird debía efectuarse en un plazo máximo de seis meses, a partir de la fecha de llegada del instrumental a la ciudad de Tel Aviv.
Esto ocurrió en enero de 1973. Los especialistas, en una primera fase, buscarían el asentamiento idóneo y definitivo. Para ello, los militares judíos habían designado tres posibles puntos: la cumbre del monte de los Olivos, los altos de Golán -en manos israelitas desde la contienda de 1967-y los macizos graníticos del Sinaí.)
Los directores del proyecto rompieron su mutismo lanzando sobre el general una atropellada oleada de preguntas: “¿Cuándo tendría lugar eldesmantelamiento?”, “¿Cuál de los puntos alternativos -altos del Golán y
Sinaí- había sido elegido?”, “¿Qué iba a ocurrir con la "cuna" y con todos nosotros?”
Curtiss recobró su perdida sonrisa y solicitó orden y calma.
-Esto es lo que puedo adelantarles... Por el momento: las previsiones y evaluaciones de la Inteligencia judía estiman que la situación general en Oriente Medio tiende a una peligrosa agravación. Y les ruego que no pregunten por qué. Lo que importa y nos importa es que, por decisión del Gobierno de Golda, la estación receptora es ahora más vital que nunca y los militares judíos están ya buscando otro asentamiento... Distinto a los previstos inicialmente. Ellos y nosotros disponemos de un plazo máximo de tres días para localizar ese lugar y ejecutar el tras lado. El doctor Kissinger considera que nuestra presencia en esta nueva etapa del proyecto es absolutamente necesaria. No podemos ni debemos levantar sospechas. Para los judíos somos los propietarios y responsables de los equipos y así seguirá siendo... Pero hay algo más -anunció Curtiss, adoptando un tono solemne-. Algo con lo que no habíamos contado y que, bien mirado, podríamos calificar como un nuevo y apasionante desafío.
El corazón me dio un vuelco. E instintivamente busqué la mirada de Eliseo.
No sé cómo pero yo sabía lo que el general estaba a punto de comunicarnos.
Por primera vez en los años que llevábamos juntos percibí un ligero temblor en las manos de Curtiss. Y su voz se vio empañada por la emoción. Nunca olvidaré aquella rotunda afirmación:
-Señores, “regresamos!
Obviamente, los directores del proyecto no comprendieron el significado de aquellas dos simples palabras. Y uno de ellos, interrumpiéndole, le recordó que, si no había entendido mal, el regreso a casa había sido pospuesto.
Los ojos de Curtiss chispearon maliciosamente.
-Señores -insistió, remachando cada sílaba-, “re gre sa mos”...
En segundos, los miembros del equipo cayeron en la cuenta y, levantándose de sus asientos, estallaron en una calurosa ovación. Todos sabían de la pérdida del micrófono y todos, en lo más profundo de sus corazones, habían contemplado y deseado una segunda oportunidad.
Pero, superados los primeros minutos de lógico entusiasmo, los fríos y racionales directores del programa despertaron a la cruda realidad, planteando una interminable cadena de dudas..Algunos de aquellos obstáculos técnicos ya habían sido valorados por nosotros en las densas horas de reflexión y enclaustramiento en el hotel.
Curtiss escuchó pacientemente. Por último, fijando su mirada en nosotros, formuló una escueta pregunta:
-¿Qué tenéis que decir vosotros?
-Hay una posibilidad...