Kaspárov se hunde ante ‘Deep Blue’
Una máquina logró lo que ningún ser humano ha logrado hasta ahora: poner en duda que Gari Kaspárov es el mejor ajedrecista del mundo. El programa informático ‘Deep Blue’, de IBM, derrotó por 3, 5-2, 5 al número uno indiscutible en un duelo seguido por millones de personas en los cinco continentes. Juan Antonio Samaranch clausuró el Campeonato del Mundo de la Federación Internacional (FIDE), que Anatoli Kárpov ganó por sexta vez, a los 46 años.
Ganó la máquina, capaz de calcular más de 200 millones de jugadas por segundo, o perdió el hombre; venció Kárpov por méritos propios o el agotamiento del indio Viswanathan Anand, tras una fase previa de tensión extrema, fue decisivo. Esos dilemas no podrán resolverse nunca, pero es casi seguro que el mejor jugador del siglo XXI será un chip de silicio, y ya nadie duda de que Kárpov es uno de los mejores deportistas de la historia. Kaspárov y Anand cometieron errores tremendos en el momento decisivo, pero tanto Deep Blue como Kárpov los aprovecharon con precisión de computadora.
La prensa de Nueva York cubrió el duelo de la neurona contra el chip como un acontecimiento excepcional: ”¿Será este hombre capaz de salvar al género humano?“, tituló el USA Today. A pesar de que el ordenador jugaba con la bandera de Estados Unidos, los espectadores estaban entregados al ruso. Los servidores de Internet que retransmitían las partidas en directo se saturaban cada día. Tras ganar la primera partida, Kaspárov sufrió una derrota muy dolorosa en la segunda al comprobar que su inhumano rival hacía jugadas propias de un ser humano. El ruso, que acusó a IBM de hacer trampas, desperdició posiciones ventajosas en las tres siguientes y jugó la decisiva como un principiante.
La FIDE causó una revolución al implantar la ley del estoy muerto (eliminatorias a sólo dos partidas y desempates a ritmo acelerado) y dotar con una bolsa de 750 millones de pesetas al Campeonato del Mundo. Kaspárov insinuó que ese dinero era negro y se negó a jugar; su compatriota Vladímir Krámnik, segundo del mundo, tampoco participó, en protesta por el privilegio de Kárpov: mientras Anand superaba seis eliminatorias extenuantes en Groningen (Holanda) y viajaba a Lausana (Suiza) sin descanso para retar al campeón, éste se preparaba a conciencia en Gran Canaria. Las seis partidas a ritmo normal terminaron con un empate, 3-3. En el desempate (dos partidas de 25 minutos por bando) Anand se hundió cuando tenía una posición ganadora y 10 minutos de ventaja en la primera, y jugó muy mal en la segunda. El indio fue siempre recibido con aplausos por los espectadores; Kárpov, en silencio absoluto, excepto cuando fue proclamado campeón.
Los torneos más importantes del año confirmaron el dominio de Kaspárov, de 34 años, que triunfó en Linares y Nóvgorod (Rusia), aunque fue relegado al segundo puesto por su compatriota Svidler en Tilburg (Holanda). Anand ganó en Dos Hermanas (Sevilla) y Biel (Suiza); Krámnik se impuso en Dortmund (Alemania), Kárpov fracasó en Dos Hermanas (4º) y Dortmund (7º) y terminó el segundo en Biel. Los mejores resultados de los españoles fueron logrados por el nacionalizado Alexei Shírov –segundo en Madrid y tercero en Belgrado, eliminado por Anand en la ronda de Groningen– y por Miguel Illescas, vencedor en Pamplona. Rusia, sin Kaspárov ni Kárpov ni Krámnik, ganó con apuros el Mundial de Naciones en Lucerna (Suiza).
La potencia creciente de las computadoras, esenciales para el entrenamiento y la facilidad para lograr información técnica a través de Internet, han acelerado el progreso de los niños prodigio. El francés Etienne Bacrot y el ucraniano Ruslan Ponomáriov, ambos de 14 años, lograron resultados comparables a los de Kaspárov y Bobby Fischer a la misma edad.
Una máquina logró lo que ningún ser humano ha logrado hasta ahora: poner en duda que Gari Kaspárov es el mejor ajedrecista del mundo. El programa informático ‘Deep Blue’, de IBM, derrotó por 3, 5-2, 5 al número uno indiscutible en un duelo seguido por millones de personas en los cinco continentes. Juan Antonio Samaranch clausuró el Campeonato del Mundo de la Federación Internacional (FIDE), que Anatoli Kárpov ganó por sexta vez, a los 46 años.
Ganó la máquina, capaz de calcular más de 200 millones de jugadas por segundo, o perdió el hombre; venció Kárpov por méritos propios o el agotamiento del indio Viswanathan Anand, tras una fase previa de tensión extrema, fue decisivo. Esos dilemas no podrán resolverse nunca, pero es casi seguro que el mejor jugador del siglo XXI será un chip de silicio, y ya nadie duda de que Kárpov es uno de los mejores deportistas de la historia. Kaspárov y Anand cometieron errores tremendos en el momento decisivo, pero tanto Deep Blue como Kárpov los aprovecharon con precisión de computadora.
La prensa de Nueva York cubrió el duelo de la neurona contra el chip como un acontecimiento excepcional: ”¿Será este hombre capaz de salvar al género humano?“, tituló el USA Today. A pesar de que el ordenador jugaba con la bandera de Estados Unidos, los espectadores estaban entregados al ruso. Los servidores de Internet que retransmitían las partidas en directo se saturaban cada día. Tras ganar la primera partida, Kaspárov sufrió una derrota muy dolorosa en la segunda al comprobar que su inhumano rival hacía jugadas propias de un ser humano. El ruso, que acusó a IBM de hacer trampas, desperdició posiciones ventajosas en las tres siguientes y jugó la decisiva como un principiante.
La FIDE causó una revolución al implantar la ley del estoy muerto (eliminatorias a sólo dos partidas y desempates a ritmo acelerado) y dotar con una bolsa de 750 millones de pesetas al Campeonato del Mundo. Kaspárov insinuó que ese dinero era negro y se negó a jugar; su compatriota Vladímir Krámnik, segundo del mundo, tampoco participó, en protesta por el privilegio de Kárpov: mientras Anand superaba seis eliminatorias extenuantes en Groningen (Holanda) y viajaba a Lausana (Suiza) sin descanso para retar al campeón, éste se preparaba a conciencia en Gran Canaria. Las seis partidas a ritmo normal terminaron con un empate, 3-3. En el desempate (dos partidas de 25 minutos por bando) Anand se hundió cuando tenía una posición ganadora y 10 minutos de ventaja en la primera, y jugó muy mal en la segunda. El indio fue siempre recibido con aplausos por los espectadores; Kárpov, en silencio absoluto, excepto cuando fue proclamado campeón.
Los torneos más importantes del año confirmaron el dominio de Kaspárov, de 34 años, que triunfó en Linares y Nóvgorod (Rusia), aunque fue relegado al segundo puesto por su compatriota Svidler en Tilburg (Holanda). Anand ganó en Dos Hermanas (Sevilla) y Biel (Suiza); Krámnik se impuso en Dortmund (Alemania), Kárpov fracasó en Dos Hermanas (4º) y Dortmund (7º) y terminó el segundo en Biel. Los mejores resultados de los españoles fueron logrados por el nacionalizado Alexei Shírov –segundo en Madrid y tercero en Belgrado, eliminado por Anand en la ronda de Groningen– y por Miguel Illescas, vencedor en Pamplona. Rusia, sin Kaspárov ni Kárpov ni Krámnik, ganó con apuros el Mundial de Naciones en Lucerna (Suiza).
La potencia creciente de las computadoras, esenciales para el entrenamiento y la facilidad para lograr información técnica a través de Internet, han acelerado el progreso de los niños prodigio. El francés Etienne Bacrot y el ucraniano Ruslan Ponomáriov, ambos de 14 años, lograron resultados comparables a los de Kaspárov y Bobby Fischer a la misma edad.