EL TREN SUBIENDO A POZALDEZ
Por la noche en la lejanía con más de nueve kilometros de distancia, se escuchaba el tren subiendo desde Medina del Campo a Pozaldez, era un sonido en las noches heladoras o con futuras lluvias que se te quedaba grabado para siempre, aunque vivieras en La Seca, aquel sonido que más o menos las personas decíamos, “Poco puedo, poco puedo, poco puedo”. Y al bajar camino de Medina del Campo, era todo lo contrario, “Mucho puedo, mucho puedo. mucho puedo”. Era el grito de aquellas maquinas de carbón que entonces corrían por los ferrocarriles españoles, donde veías al fogonero envuelto en la negrura de dicho carbón. Eran tiempos de viajar a cualquier lugar en tren, sin saber el tiempo exacto del viaje, incluso emigrantes forzosos camino no sabe dios donde, aunque la mayoría de las personas de mi tierra se fueran a Vascongadas. Donde empezaron a ser hombres trabajadores y responsables, con empatía con todo aquel entorno, personas que se llenaron de dignidad y olvidaron la miseria de estar esperando poder trabajar si alguien les necesitaba, No fue mi caso. pero conocí compañeros de colegio que salieron para lograr una vida más digna y mejor remunerada. Pozaldez siempre fue estación soñada, y visitada por muchas personas, algo que tenemos en la memoria todas las personas de mi época en esa tierra castellana, donde nuestras raíces siguen vivas, aunque haya gente que nos quiera anular, peor para ellos, si así piensan.
G X Cantalapiedra. 11 – 5 – 2026.
Por la noche en la lejanía con más de nueve kilometros de distancia, se escuchaba el tren subiendo desde Medina del Campo a Pozaldez, era un sonido en las noches heladoras o con futuras lluvias que se te quedaba grabado para siempre, aunque vivieras en La Seca, aquel sonido que más o menos las personas decíamos, “Poco puedo, poco puedo, poco puedo”. Y al bajar camino de Medina del Campo, era todo lo contrario, “Mucho puedo, mucho puedo. mucho puedo”. Era el grito de aquellas maquinas de carbón que entonces corrían por los ferrocarriles españoles, donde veías al fogonero envuelto en la negrura de dicho carbón. Eran tiempos de viajar a cualquier lugar en tren, sin saber el tiempo exacto del viaje, incluso emigrantes forzosos camino no sabe dios donde, aunque la mayoría de las personas de mi tierra se fueran a Vascongadas. Donde empezaron a ser hombres trabajadores y responsables, con empatía con todo aquel entorno, personas que se llenaron de dignidad y olvidaron la miseria de estar esperando poder trabajar si alguien les necesitaba, No fue mi caso. pero conocí compañeros de colegio que salieron para lograr una vida más digna y mejor remunerada. Pozaldez siempre fue estación soñada, y visitada por muchas personas, algo que tenemos en la memoria todas las personas de mi época en esa tierra castellana, donde nuestras raíces siguen vivas, aunque haya gente que nos quiera anular, peor para ellos, si así piensan.
G X Cantalapiedra. 11 – 5 – 2026.