En Villalán ya no hay
vacas. Las de Alberto, que antes lo fueron de Ceferino, y que tantas visitas recibieron de veraneantes y locales como si de una atracción turística más se tratara, ya no están. Ya no irán los niños cada
atardecer a ver ordeñar y darlas de
comer, alterados, revoltosos, como un día fuimos nosotros, mientras nos perdíamos por las
ruinas de alrededor, mientras jugábamos en los
árboles pequeños... Pero esto no quiere decir nada, a qué no? otras cosas habrá
VIVAN LOS QUINTOS DEL
... (ver texto completo)