¡Padre nuestro, que estás en los
cielos!
¿Por qué te has olvidado de mí?
Te acordaste del
fruto en febrero,
al llagarse su pulpa rubí.
¡Llevo abierto también mi costado,
y no quieres mirar hacia mí!
Te acordaste del negro racimo
y lo diste al lagar carmesí,
y aventaste las hojas del álamo
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