EL
PINO
Sucio, cansado y hambriento de tanto esfuerzo y
camino, rogué a un solitario pino que me diera sustento."No puedo" me respondió,"es tan solo
primavera, no es el tiempo de mi
fruta, pero sientate y disfruta del aire,
color, y
sombra, duerme tranquilo a mi vera". No estaba yo para esperas, ni consejos ni disputas; me vencí, no lo quemé, pero, eso sí, lo olvidé.
El sol quemaba en
verano,- ¡hasta el aire mismo ardía!-cuando del
campo volví con azada y hoz en mano. Ya era imposible seguir
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