¡Vaya¡ ¡Vaya¡ con Cabreros, jardín con fuente, calla nueva, bar nuevo, escaleras nuevas y barandilla de forja en la iglesia... Y hasta en el último funeral el cementerio limpio, no como hace unos años que parecia un monte, tenías que abrirte paso entre la maleza, los cardos te llegaban a la barbilla y salias con los calcetines llenos de abrojos y gatuñas, ahora sí que puedo presumir del pueblo que me vio nacer, una felicitación para aquellos que lo hacen realidad.