El otro día estuve en vuestro pueblo y me quedé sorprendida al no ver a nadie en la Plaza Mayor, solamente un pobre pordiosero tumbado que, al verme, debía estar muerto de hambre y frío, se incorporó y me pidió, muy cortésmente, una moneda para poder tomarse un café. Al verle tan necesitado, le di su moneda y un poco más para que se comprase algo para comer.
Me parece lamentable que se permita a este mendigo estar tumbado pasando hambre y frío en la misma puerta del Ayuntamiento, en peores condiciones que un perro callejero. ¡Es inhumano!
Me parece lamentable que se permita a este mendigo estar tumbado pasando hambre y frío en la misma puerta del Ayuntamiento, en peores condiciones que un perro callejero. ¡Es inhumano!