VALDENARROS: CUANDO SE PASA EL TEMEROSO CON HIELO Y NIEVE...

CUANDO SE PASA EL TEMEROSO CON HIELO Y NIEVE
Aquella noche de sábado, del mes de enero, del año dos mil cinco, el conductor del coche SEAT, TOLEDO, 110, caballos, circulaba alegremente desde Soria, hasta Aranda de Duero, aunque la noche era heladora, y los brillos del hielo en la carretera, se dejaban notar en la distancia, el joven conductor, notaba como las ruedas estaban empezando a patinar, una vez pasada la desviación que conduce al Abejar, y llamado la Venta Nueva, el hielo con mezcla de nieve que volaba por la carretera, la hacía demasiado peligrosa, y los frenos eran imposibles de usar, ya que podía terminar el coche por lo menos en la cuneta, el joven conductor, recordó en ese momento, que tenía un bote de liquido antideslizante, y sin pensarlo dos veces, se coloco un abrigo de lana gorda, que llevaba en el interior del automóvil, y aunque eran las dos de la madrugada, se dedico a dar a las ruedas del coche con dicho liquido. Pronto comprobó que las ruedas parecían estar más estables, y con su radio del coche en marcha escuchaba a Iker Jiménez, en sus misterios nocturnos. La carretera se hacía más complicada, el puerto del Temeroso con su pendiente y curvas, estaba esperando para que le bajara, el miedo se hacía notar, las crónicas de cada sábado de extraterrestres, le motivaban lo suficiente, para escucharlas semanalmente, y aquel sábado no era nada diferente, solo un puerto llamado Temeroso, con su nieve y hielo que no era poco. Y que empezó la bajada muy despacio, con la primera velocidad y casi sin pisar el acelerador, la nieve chirriaba al pisarla los neumáticos, y los brincos eran casi el tono general y asustadizo, y poco a poco con el pecho encogido, y sin respirar a gusto, fue pasando aquel lugar, donde en ese momento, no se divisaba coche alguno, eso si antes de terminar la bajada del Temeroso, una luz potente y desde muy lejos, le lanzo su ráfaga de luz, que le dejo completamente, noqueado, y el joven sin saber que hacer, siguió su camino de bajada, con el miedo que llevaba encima, y la historia de la radio que escuchaba, cuando de pronto como si fuera un rayo, la maquina aquella sin apenas meter ruido, paso por encima de su coche, sin conocer que clase de aparato era aquel tan rápido y poderoso, El camino le parecía hasta distinto, ya que la soledad existente aquella noche, le hacía mucho más problemático, el cristal delantero se llenaba de nieve y hielo, y tenía que parar para quitarle la nieve, y poder seguir el camino con menos peligro, aquellos kilómetros de distancia, que le separaban de Aranda, se le hicieron interminables, la calefacción del coche, era tan grande el frío, que apenas parecía calentar el habitáculo. Los cristales estaban helados y el aire de la calefacción, no era lo suficiente fuerte para evitarlo, todo esto le parecía al joven conductor, una película de miedo y terror, donde el protagonista se la jugaba, en cada curva de aquella carretera, que según los periódicos de aquella época, estaba destinada a ser la Autovía del Duero, todo parecía sacado de un viaje de Cuarto milenio, por eso el conductor inicio la salida de la desviación del Burgo de Osma, para conseguir tranquilizarse un poco, y pensar si era demasiado peligroso el continuar por la carretera nacional, jugándose el tipo, cosa que parece que así fue, al comprobar, como la villa episcopal, era un desierto en blanco, y ni había señales de vida reciente, sobre sus calles principales, el joven conductor emprendió de nuevo su camino, después de echar de nuevo el liquido en los neumáticos, para que evitara que el coche se deslizara, por aquel asfalto helado y con nieve, todo parecía calma, pero sus nervios le llevaban pensando en el Temeroso, que fue donde el misterio le marcó. En aquella noche de hielo y nieve. G X Cantalapiedra.