ERA UNA NOCHE DE ENERO HELADORA
Aquel hombre que aquella noche heladora caminaba hacia la Estación de Quintanas de Gormaz, en su caminar desde su localidad, sintió aquel frío que le iba dejando congelado, eran las fechas de 1946, en aquel mes de enero con viento y hielo grande, pudo pensar que aquella pelliza que su cuerpo le abrigaba, y su manta de campo que con ella se cubria todo su cuerpo, no era suficiente, la noche le iba marcando su rostro, y el hombre esperaba coger un tren que le llevara hasta Ariza. Siendo el último tren de aquel día, que parece que siempre llevaba mucho tiempo de retraso, el cielo estaba raso, las cunetas tenían algo de nieve helada, y aunque estaba acostumbrado a tener que hacer caminatas de noche para ir a buscar su trabajo semanalmente, aquella noche le parecía demasiado, cuando le azotaba alguna ráfaga del viento helador, sentía como si su cuerpo se negara a seguir adelante, No encontró desde su lugar a nadie que le pudiera decir, “que noche más cruel”, solamente en su cerebro se acordaba de alguna noche parecida, más era con una edad joven y con ganas de vivir a tope, Pudo llegar a la estación, como siempre estaba sola, era como una parada en el desierto, quizá la distancia del pueblo fuera aproximadamente un kilómetro a dicho pueblo, Allí el hombre recapacitaba si merecía la pena estar trabajando lejos de su hogar, más no conocía otra solución que pudiera ayudarle, Eran años difíciles, el hambre acechaba, el racionamiento era un freno fatal, el trabajo era difícil y en la agricultura mal pagado, y la emigración se veía como un fracaso temporal, el amor a su tierra, a su propia familia le daban fuerzas para seguir caminando sin miedo, Este hombre terminó marchando camino del lugar del trabajo, y así dejar de pasar esas horas frías de la noche soriana,
G X Cantalapiedra. 19 – 3 – 2026.
Aquel hombre que aquella noche heladora caminaba hacia la Estación de Quintanas de Gormaz, en su caminar desde su localidad, sintió aquel frío que le iba dejando congelado, eran las fechas de 1946, en aquel mes de enero con viento y hielo grande, pudo pensar que aquella pelliza que su cuerpo le abrigaba, y su manta de campo que con ella se cubria todo su cuerpo, no era suficiente, la noche le iba marcando su rostro, y el hombre esperaba coger un tren que le llevara hasta Ariza. Siendo el último tren de aquel día, que parece que siempre llevaba mucho tiempo de retraso, el cielo estaba raso, las cunetas tenían algo de nieve helada, y aunque estaba acostumbrado a tener que hacer caminatas de noche para ir a buscar su trabajo semanalmente, aquella noche le parecía demasiado, cuando le azotaba alguna ráfaga del viento helador, sentía como si su cuerpo se negara a seguir adelante, No encontró desde su lugar a nadie que le pudiera decir, “que noche más cruel”, solamente en su cerebro se acordaba de alguna noche parecida, más era con una edad joven y con ganas de vivir a tope, Pudo llegar a la estación, como siempre estaba sola, era como una parada en el desierto, quizá la distancia del pueblo fuera aproximadamente un kilómetro a dicho pueblo, Allí el hombre recapacitaba si merecía la pena estar trabajando lejos de su hogar, más no conocía otra solución que pudiera ayudarle, Eran años difíciles, el hambre acechaba, el racionamiento era un freno fatal, el trabajo era difícil y en la agricultura mal pagado, y la emigración se veía como un fracaso temporal, el amor a su tierra, a su propia familia le daban fuerzas para seguir caminando sin miedo, Este hombre terminó marchando camino del lugar del trabajo, y así dejar de pasar esas horas frías de la noche soriana,
G X Cantalapiedra. 19 – 3 – 2026.