Tengo un viejo amigo, fraile capuchino, que me contó una vez que cuando él hizo el Camino de Santiago se quedó fascinado por unas piedras brillantes que había en muchos lugares. Al acercarse comprobó, eso dice él, que eran estrellas flotantes que si las pisabas te impulsaban hacia adelante sin que hicieras el menor esfuerzo, con lo que disminuía el cansancio de las largas caminatas. Para mi que lo que pretendía era despertar mi curiosidad y comprobar si el muro era tan resistente a los dogmas de ... (ver texto completo)