Al final voy a tener que hablar, aunque sea bien, de mi primo. El Baraka, que fue cocinero, antes que fraile e ingeniero antes que ferroviario, se ha convertido en la luz del Palacio del Pardo. Para los jóvenes y los desinteresados, os diré que cuando nos gobernaba un innombrable al que la iglesia lo denominaba la reserva espiritual de occidente, y la familia de su mujer lo conocía despectivamente como franquito, se decía que él nos vigilaba las 24 horas del día y los 365 días del año. Y para demostrarlo ... (ver texto completo)