cuando mis ojos vayan perdiendo su función de llenarme de imágenes, me quedaran en la cabeza, todos los rostros, todos los paisajes, todos los colores que han formado parte del transcurrir de mi vida, y cuando los olores se diluyan antes de que mi olfato pueda percibirlos, me bastara el registro que en mi cabeza guardo de lo que he olido a lo largo de mis años, si mi piel no detecta el beso y la caricia, se alimentara del fondo que guardo de tibias o ardientes experiencias. si mi paladar no saborea ... (ver texto completo)