CUANDO NO QUERÍAN OÍR REALIDADES
En un pueblo de esos perdidos en el horizonte, dicen que existían muchos sordos de ocasión, digamos que cuando alguien les comunicaba algo que les molestaba se hacían los sordos a fondo, no querían estar enfadados con nadie, si alguien les comunicaba algún despropósito nunca le escuchaban, hasta un señor que tenía una esposa muy guapa, le llegaron a decir que se la estaba jugando, y el señor contestaba no oigo nada, estoy sordo, había un joven ratero que robaba hasta en la fincas de dicho pueblo, cuando le acusaban de ladrón se hacia el sordo a fondo, diciendo esos oídos míos están de pena, el herrero de dicho pueblo si alguien le gritaba por haber echo algo mal en sus herramientas de trabajo, solía decir estoy del fuego de la fragua sordo, apenas siento las campanas, era un pueblo tolerante y orgullosos de sus sorderas, Cuando las protestas eran de varios vecinos, siempre el alcalde decía, aquí no existen problemas, tenemos nuestros queridos esquemas. Y así pasaban los días, semanas y meses, no conocían denuncias de nada, todo parecía ser benevolente, hasta que una joven de dicha localidad anunciaba que se iba de ese pueblo por ser pura sordera, en ese momento los jóvenes empezaron sus maniobras para que se quedara, y la joven repetía, “no quiero novio sordo, ni marido inútil, que luego las sorderas nunca tienen aquí fin, Las voces de la juventud se dejaron bien notar, y al día siguiente todos vecinos empezaron a escuchar, sus delirios de grandeza y su soledad, se decían las verdades, las tenían que escuchar, no sirven las falsedades si queremos progresar, los oídos forman parte del saber bien criticar, no busquemos el desastre de vivir sin dignidad. G X Cantalapiedra. 26 – 9 – 2026.
En un pueblo de esos perdidos en el horizonte, dicen que existían muchos sordos de ocasión, digamos que cuando alguien les comunicaba algo que les molestaba se hacían los sordos a fondo, no querían estar enfadados con nadie, si alguien les comunicaba algún despropósito nunca le escuchaban, hasta un señor que tenía una esposa muy guapa, le llegaron a decir que se la estaba jugando, y el señor contestaba no oigo nada, estoy sordo, había un joven ratero que robaba hasta en la fincas de dicho pueblo, cuando le acusaban de ladrón se hacia el sordo a fondo, diciendo esos oídos míos están de pena, el herrero de dicho pueblo si alguien le gritaba por haber echo algo mal en sus herramientas de trabajo, solía decir estoy del fuego de la fragua sordo, apenas siento las campanas, era un pueblo tolerante y orgullosos de sus sorderas, Cuando las protestas eran de varios vecinos, siempre el alcalde decía, aquí no existen problemas, tenemos nuestros queridos esquemas. Y así pasaban los días, semanas y meses, no conocían denuncias de nada, todo parecía ser benevolente, hasta que una joven de dicha localidad anunciaba que se iba de ese pueblo por ser pura sordera, en ese momento los jóvenes empezaron sus maniobras para que se quedara, y la joven repetía, “no quiero novio sordo, ni marido inútil, que luego las sorderas nunca tienen aquí fin, Las voces de la juventud se dejaron bien notar, y al día siguiente todos vecinos empezaron a escuchar, sus delirios de grandeza y su soledad, se decían las verdades, las tenían que escuchar, no sirven las falsedades si queremos progresar, los oídos forman parte del saber bien criticar, no busquemos el desastre de vivir sin dignidad. G X Cantalapiedra. 26 – 9 – 2026.