MIRANDO AL PASADO
Hay personas que el pasado es un recuerdo imposible de olvidar, esto le pasó a un hombre mayor, que esta Semana Santa volvía a su pueblo, en su cerebro estaba noche y día poder volver a su niñez e infancia, y una vez jubilado desde hace diez años, cogió su automóvil para llegar aquel pueblo que esta medio vacío, este hombre acompañado de su esposa llegó el miércoles por la mañana, y trato de buscar la casa que su familia tenía en dicho pueblo, era un solar, aquella casa de adobes con tapias del mismo material, era un solar lleno de hierbas, donde no quedaba nada de todos aquellos años que pasaron allí viviendo, intento hablar con personas que aun vivian allí, nadie se acordaba de ellos, eran más de sesenta años que su familia siendo el niño se marcharon de allí, solo encontró a una señora mayor que parecía acordarse de una hermana suya, que ya no existía, que era mayor que este hombre, anduvo todo el día dando bandazos por lo que fue aquel pueblo, la pequeña iglesia estaba cerrada y según esa señora se abría algún domingo si venía un cura para decir misa a los quince habitantes que seguían allí residiendo, que tenían una edad muy avanzada, el silencio se hacia el dueño de todo aquel contorno, las casas estaban bastante dañadas por el paso del tiempo, y se veían pocas ganas de mejorar aquel pueblo casi desolado, Este hombre y su esposa llegaron hasta la puerta del cementerio, el silencio y las hierbas salvajes eran parte de su suelo, las lapidas apenas se podían ver, El hombre hubo momentos que le saltaron las lágrimas, ya que durante años estuvo pendiente de volver a su lugar de nacimiento, más sus hijos y esposa le indicaban que no lo visitara, no les quedaba nadie allí que fuera familia, ni ninguna propiedad rural que hubieran dejado, Aquella tarde cuando arranco su coche, sintió el síndrome de la soledad castellana, con un silencio sepulcral que imponía mucho respeto. Al tiempo que perdía de vista su pueblo, notaba como un calor que le recordaba aquellos días fríos de invierno cuando en la cocina de lo que fue su casa, se calentaban todos hermanos, El pasado era solo historia en su memoria, aunque en adelante tendría presente aquel solar lleno de hierbas. Donde su casa le parecía entonces un palacio. G X Cantalapiedra. 7 – 4 – 2026.
Hay personas que el pasado es un recuerdo imposible de olvidar, esto le pasó a un hombre mayor, que esta Semana Santa volvía a su pueblo, en su cerebro estaba noche y día poder volver a su niñez e infancia, y una vez jubilado desde hace diez años, cogió su automóvil para llegar aquel pueblo que esta medio vacío, este hombre acompañado de su esposa llegó el miércoles por la mañana, y trato de buscar la casa que su familia tenía en dicho pueblo, era un solar, aquella casa de adobes con tapias del mismo material, era un solar lleno de hierbas, donde no quedaba nada de todos aquellos años que pasaron allí viviendo, intento hablar con personas que aun vivian allí, nadie se acordaba de ellos, eran más de sesenta años que su familia siendo el niño se marcharon de allí, solo encontró a una señora mayor que parecía acordarse de una hermana suya, que ya no existía, que era mayor que este hombre, anduvo todo el día dando bandazos por lo que fue aquel pueblo, la pequeña iglesia estaba cerrada y según esa señora se abría algún domingo si venía un cura para decir misa a los quince habitantes que seguían allí residiendo, que tenían una edad muy avanzada, el silencio se hacia el dueño de todo aquel contorno, las casas estaban bastante dañadas por el paso del tiempo, y se veían pocas ganas de mejorar aquel pueblo casi desolado, Este hombre y su esposa llegaron hasta la puerta del cementerio, el silencio y las hierbas salvajes eran parte de su suelo, las lapidas apenas se podían ver, El hombre hubo momentos que le saltaron las lágrimas, ya que durante años estuvo pendiente de volver a su lugar de nacimiento, más sus hijos y esposa le indicaban que no lo visitara, no les quedaba nadie allí que fuera familia, ni ninguna propiedad rural que hubieran dejado, Aquella tarde cuando arranco su coche, sintió el síndrome de la soledad castellana, con un silencio sepulcral que imponía mucho respeto. Al tiempo que perdía de vista su pueblo, notaba como un calor que le recordaba aquellos días fríos de invierno cuando en la cocina de lo que fue su casa, se calentaban todos hermanos, El pasado era solo historia en su memoria, aunque en adelante tendría presente aquel solar lleno de hierbas. Donde su casa le parecía entonces un palacio. G X Cantalapiedra. 7 – 4 – 2026.