Durante mucho tiempo hubo un lugar, al otro lado del Milanos, más o menos enfrente de la escuela, muy cerca del nido de la cigüeña. Durante mucho tiempo fue la sala de estar donde mi primo y yo celebrábamos largas sobremesas a la sombra del verano. El encuentro tenía casi siempre un ritual que comenzaba cuando nos fumábamos un cigarro, celtas en los días de escasez y ducados en las tardes de abundancia. Después nos recostábamos sobre el colchón de terciopelo verde, mullido y acogedor, y dormitábamos ... (ver texto completo)