Aquí pasa como en la plaza de Blacos. Con la llegada del buen tiempo vuelven las golondrinas a llenar los cables de la luz y disfrutar de ese amancer o esa puesta de sol únicas en el mundo mundial. Y como hacen las golondrinas, muchos miran y callan. Mientras que otros, los pocos, dejan oir sus cantos y a veces aletean alrededor de sí mismos e incluso hasta se asustan de su propio vuelo. Siempre estan ahí. Cuando te levantas por mucho que madrugues, ya están esperando y cuando te va vas a dormir, ... (ver texto completo)