Era un tipo peculiar " El Liborio", y es que su nombre también era peculiar, tanto que es imposible encontrar su rastro en ningún diccionario. Y esto también marca, porque cuando uno parte de la nada obligatoriamente tiene que llegar a algún sitio. Y sólo un hombre tan peculiar podía estar seguro de que dios es sobrino de todos menos de él, con el que tenía mucha más confianza y un mayor grado de parentesco. Y no sólo era peculair por su estrecha amistad con dios sino porque daba la sensación de que cualquier cosa de la vida, por insignificante que pareciera, cobraba un valor especial y distinto en sus manos y entre sus palabras.
Antes de andar el camino eterno, dejó una huella profunda en otro camino más mundano, el de las carreras. Seguro que es una de las personas que más pasos ha contado entre el pueblo y la venta, hasta tal punto que parecía el jardín de su casa en una tarde de primavera. En la nebulosa de los recuerdos yo lo veo con la yunta camino del trabajo o con la misma yunta camino del descanso. Su ir y venir no entendía de horas sino de las necesidades de sus quehaceres (también los animales tienen la mala costumbre de nacer de madrugada) como agricultor o como granjero, que de todo había en su vida. Fue el primero que yo recuerdo que utilizó la segunda residencia, ahora tan de moda. La Venta era el trabajo y la casa del pueblo la residencia familiar. Seguro que en su vida tenía muchos más máritos de los que yo he sido capaz de conocer, pero hay uno que creo que todo el mundo apreciaba, su sentido del humor. Arrancar una sonrisa a un mundo triste siempre es difícil, pero arrancar una carcajada a la tristeza es un milagro al alcance de muy pocos. y él " el de la Venta" lo conseguía con mucha frecuencia. Y durante mucho tiempo, escondidos a la sombra del verano, todos nos descubríamos una sonrisa cundo nos deleitaba con su retahíla de refranes y canciones que nos hacían pensar sin mucho esfuerzo que era un hombre feliz. Era y seguro que sigue siendo un hombre feliz, aunque las carreas ya no tengan quien les cuente la vida, al menos como él sabía contarla. Ha sido un placer.
Antes de andar el camino eterno, dejó una huella profunda en otro camino más mundano, el de las carreras. Seguro que es una de las personas que más pasos ha contado entre el pueblo y la venta, hasta tal punto que parecía el jardín de su casa en una tarde de primavera. En la nebulosa de los recuerdos yo lo veo con la yunta camino del trabajo o con la misma yunta camino del descanso. Su ir y venir no entendía de horas sino de las necesidades de sus quehaceres (también los animales tienen la mala costumbre de nacer de madrugada) como agricultor o como granjero, que de todo había en su vida. Fue el primero que yo recuerdo que utilizó la segunda residencia, ahora tan de moda. La Venta era el trabajo y la casa del pueblo la residencia familiar. Seguro que en su vida tenía muchos más máritos de los que yo he sido capaz de conocer, pero hay uno que creo que todo el mundo apreciaba, su sentido del humor. Arrancar una sonrisa a un mundo triste siempre es difícil, pero arrancar una carcajada a la tristeza es un milagro al alcance de muy pocos. y él " el de la Venta" lo conseguía con mucha frecuencia. Y durante mucho tiempo, escondidos a la sombra del verano, todos nos descubríamos una sonrisa cundo nos deleitaba con su retahíla de refranes y canciones que nos hacían pensar sin mucho esfuerzo que era un hombre feliz. Era y seguro que sigue siendo un hombre feliz, aunque las carreas ya no tengan quien les cuente la vida, al menos como él sabía contarla. Ha sido un placer.