Hace ya unos cuantos años, cuando era más joven, decidí que ya no iba a pelar las batallas que no pudiera ganar. Luego, años después, me propuse que ya sólo iba a pelear aquellas batallas que estaba seguro de que no iba a perder, que aunque pueda parecer lo mismo, es algo muy diferente. Y en ese mismo momento me prometí a mi mismo que nunca iba a juzgar a nadie, y que jamás iba a dar un consejo a nadie que no estuviera dentro de mi familia. Era una forma cómoda de no crearme enemigos y de no ser ... (ver texto completo)