No sé muy bien porqué, pero a mi siempre me recordaba al mito de Sísifo, condenado a subir eternamente una piedra hasta la cima de la colina para una vez llegado allí verla rodar de nuevo hasta abajo y tener que volver a acarrearla hasta arriba. Lo de Paco no era la piedra, eran los tangos, esos tangos que bailaba como nadie. El proceso era el mismo siempre, colocaba la tanguilla, se alejaba la distancia surficiente y lanzaba los dos tangos para derribarla. Así una y otra vez y un día tras otro. ... (ver texto completo)