A un lado las campanas, al otro el río, la huerta
en el centro, con pozo y noria instalada,
movida por asno mareado de dar vueltas,
que de sus cangilones vertía abundante agua.
Bajo las rodilla, atados los pantalones,
con abarcas y azada, riega el hortelano.
Con mirada llena de verdes ilusiones
ve al germen de la vida pender de sus manos. ... (ver texto completo)
En el monte, aire, sierra,
aguanta el frío y el sol la encina
de ariscas hojas encima,
el árbol de esta mi tierra.
Este paisaje me encierra
el secreto de la vida
y su quietud me convida
a respirar tanta aroma
y volar como paloma
que en este paraje anida