Hace muchos años, en un pueblecito, sucedió un hecho que todavía se cuenta.
Eran tiempos de hambruna, los aldeanos tenían por costumbre salir a primera hora del alba y reunirse an la plaza para repartirse las tareas diarias; unos tenían que ir a segar los campos, otros buscaban en los montes conejos y perdices, las mujeres partían al arroyo, con sus cantaros vacíos y los más pequeños, quedaban al ciudado de los más mayores.
Así era la vida en este pueblo, apenas había tiempo para ir a la escuela y para atender a sus propios enfermos.Grandes epidemias asolaban la zona, los enfermos eran confinados a las afueras del pueblo, dejándolos a su suerte.
Un día, en vísperas de la primavera, una inmensa tormenta cayó en el pueblo, arrasando por completo todo cuanto encontró a su paso, todos perecieron, salvo los custodios de las Siete Llaves, pero esa es otra historia.
Eran tiempos de hambruna, los aldeanos tenían por costumbre salir a primera hora del alba y reunirse an la plaza para repartirse las tareas diarias; unos tenían que ir a segar los campos, otros buscaban en los montes conejos y perdices, las mujeres partían al arroyo, con sus cantaros vacíos y los más pequeños, quedaban al ciudado de los más mayores.
Así era la vida en este pueblo, apenas había tiempo para ir a la escuela y para atender a sus propios enfermos.Grandes epidemias asolaban la zona, los enfermos eran confinados a las afueras del pueblo, dejándolos a su suerte.
Un día, en vísperas de la primavera, una inmensa tormenta cayó en el pueblo, arrasando por completo todo cuanto encontró a su paso, todos perecieron, salvo los custodios de las Siete Llaves, pero esa es otra historia.