Dice el Juez a la ladrona:
«Mi profesión de juez es gracias a tu profesión de ladrona. Bastaría que te negases... Pero no te lo aconsejo, negarte a ser lo que eres, lo que tú eres, y, por lo mismo, quién tú eres, y yo dejaría de existir..., desaparecería, me evaporaría. Reventaría. Aniquilado. Negado... ¿Y luego?, ¿y luego? Pero tú no te negarás, ¿verdad? Tú no te negarás a ser una ladrona. ¡Esto sería terrible!, ¡criminal! ¡Tú me quitarías mi vida!
La ladrona dijo: ¿Quién sabe?
El Juez dijo:
... (ver texto completo)