... ME HE VUELTO AL PUEBLO...
Llegó el verano y me he vuelto un año más al pueblo en el que nací. Al pueblo donde no tengo que fingir ser quien no soy.
Tengo amigos y conocidos que se van a Marrakech, a Punta Cana, a la República Dominicana... Dicen que van a unos grandes hoteles donde se pasan el día tomando mojitos... Pero, coño... ¿hace falta ir a Punta Cana para tomar un mojito?
Yo prefiero ir a mi pueblo. A una pequeña localidad donde todo el mundo me conoce, donde me tomo una cerveza —«una fresca», que diría mi vecino— a la sombra de una imponente chopa porque no hay bar... ni nos hace falta. Somos felices con poco. Si, yo soy feliz en mi pequeño pueblo rodeado de los míos, comiendo unos tomates del huerto que saben a tomate —no como los que compramos en el Mercadona o el Carrefour, que son sabe Dios de dónde son—, para qué coño me he de complicar la vida.
Llamadme raro, pero así soy yo, y no sé ser de otra manera. Ni quiero...
Cuando la gente me cuenta sus viajes exóticos, no sé qué decirles. Me alegro si a ellos eso les hace felices, pero los míos, con los que yo conecto de verdad, son diferentes. Son los que me hablan de las fiestas de su pueblo y de los de su alrededor, de esa tradición que han recuperado, de la mocita conocida a la que ya se le está pasando el arroz, de los que han vuelto a sembrar el huerto de su abuelo o de los que han dejado la ciudad para volver a vivir en el pueblo. Conversaciones, la mayor de las veces, sin un sentido real, solo por el puro placer de pasar el rato juntos.
Y aunque todo lo que nos rodea quiera vendernos que la felicidad está a miles de kilómetros de casa, yo creo que está mucho más cerca. Muchísimo más... Tanto, que a veces creo que no necesitamos irnos a ninguna parte para encontrarla.
Solo necesitamos volver a aquello que nos hace sentir en casa y, sobre todo... que nos hace felices.
Quizá por eso, mientras otros sueñan con conocer el mundo yo, a mis años, sigo soñando con que no se me olvide nunca dónde nací y de dónde vengo... Y lo más curioso es que creo que no estoy solo.
JMGG
Llegó el verano y me he vuelto un año más al pueblo en el que nací. Al pueblo donde no tengo que fingir ser quien no soy.
Tengo amigos y conocidos que se van a Marrakech, a Punta Cana, a la República Dominicana... Dicen que van a unos grandes hoteles donde se pasan el día tomando mojitos... Pero, coño... ¿hace falta ir a Punta Cana para tomar un mojito?
Yo prefiero ir a mi pueblo. A una pequeña localidad donde todo el mundo me conoce, donde me tomo una cerveza —«una fresca», que diría mi vecino— a la sombra de una imponente chopa porque no hay bar... ni nos hace falta. Somos felices con poco. Si, yo soy feliz en mi pequeño pueblo rodeado de los míos, comiendo unos tomates del huerto que saben a tomate —no como los que compramos en el Mercadona o el Carrefour, que son sabe Dios de dónde son—, para qué coño me he de complicar la vida.
Llamadme raro, pero así soy yo, y no sé ser de otra manera. Ni quiero...
Cuando la gente me cuenta sus viajes exóticos, no sé qué decirles. Me alegro si a ellos eso les hace felices, pero los míos, con los que yo conecto de verdad, son diferentes. Son los que me hablan de las fiestas de su pueblo y de los de su alrededor, de esa tradición que han recuperado, de la mocita conocida a la que ya se le está pasando el arroz, de los que han vuelto a sembrar el huerto de su abuelo o de los que han dejado la ciudad para volver a vivir en el pueblo. Conversaciones, la mayor de las veces, sin un sentido real, solo por el puro placer de pasar el rato juntos.
Y aunque todo lo que nos rodea quiera vendernos que la felicidad está a miles de kilómetros de casa, yo creo que está mucho más cerca. Muchísimo más... Tanto, que a veces creo que no necesitamos irnos a ninguna parte para encontrarla.
Solo necesitamos volver a aquello que nos hace sentir en casa y, sobre todo... que nos hace felices.
Quizá por eso, mientras otros sueñan con conocer el mundo yo, a mis años, sigo soñando con que no se me olvide nunca dónde nací y de dónde vengo... Y lo más curioso es que creo que no estoy solo.
JMGG