Cuando vi a Chatherina por primera
vez, ella lucía un vestido de
color
carmesí intenso y hojeaba nerviosa-
mente una revista en mi sala de es-
pera. Era evidente que estaba sofo-
cada. Había pasado los veinte minu-
tos anteriores paseándose por el
pasillo, frente a los consultorios
del departamento de Psiquiatría,
tratando de convencerse de que de-
... (ver texto completo)