Elizabeth estaba poco dispuesta a aprobar a, las hermanas
singley, eran, en efecto, unas señoras muy atentas, bastante
alegres cuando no se las contrariaba y, cuando ellas querían
muy agradables, pero orgullosas y engreídas.
Jane Austen
Era una muchacha de facciones redondeadas
tal vez vulgares en su mezcla de voluptuosidad
e inocencia, pero a esas facciones mejorandolas
se sumaba una impresión de generosidad, de
incesante entusiasmo que a diferencia de otros
entusiasmos, no parecía no forzado ni hipócrita.
Me llegan las cartas
y no sé leer
y, aunque me las trago,
no mancho el papel.
El buzón.
Ave tengo yo por nombre,
llana es mi condición.
El que no acierte mi nombre
es porque no presta atención.
La avellana.
Blancos y larguiluchos
nos fríen en la verbena,
dorados y calentitos,
nos comen el nene y la nena.
Los churros.
Zorra le dicen, ya ves,
aunque siempre del revés,
se lo come el japonés
y plato muy rico es.
¿Que es?
El arroz.
Verde por fuera,
roja por dentro
y con bailarinas en el centro.
La sandía.
Los odios de mortales no deben
ser inmortales.
La persuasión descansa sobre los
labios de un amigo fiel.
Jamas he deseado conquistar las cosas para conservarlas,
ni ser nada que perdure, al contrario, cada vez que he
sido algo, he tenido que desintegrarlo, ser solo el projimo
de uno mismo chico. Sólo hay satisfacción en la esperanza.
YASMINA REZA.
La barba no da saber.
Mas vale mala compustura que
un buen pleito.
Enfermedad larga,
cruz a la espalda.
Los romanos llamaban a la ciudad
de Viena bellona.
El tubo de la gaita por el cual el ínterprete introduce el
aire y que posee una válvula unidireccional para evitar su
retorno se llama soplete.