Muros de cantería regular: Toda la estructura está levantada con perfectos sillares de
piedra caliza, lo que le otorga su característico aspecto robusto, sólido y limpio.
Ventanas de
arco de medio punto: Al fondo y a la izquierda se observan vanos abocinados con los típicos
arcos románicos semicirculares, decorados con finas
columnas y
capiteles esculpidos.
Torre cilíndrica: Hacia la
esquina derecha resalta una de las dos
torres cilíndricas que flanquean su
fachada principal. Estas estructuras recuerdan a los diseños de la
arquitectura de la
Catedral de Jaca. Líneas de impostas decoradas: En los muros sobresalen molduras horizontales decoradas con el clásico ajedrezado jaqués o taqueado, un motivo
ornamental típico de las
iglesias ligadas al
Camino de Santiago. El templo formó parte de un desaparecido
monasterio benedictino fundado por la reina Doña Mayor de Castilla en el año 1066. Aunque el
edificio sufrió un grave deterioro con el paso de los siglos, fue sometido a una profunda y famosa restauración a finales del siglo XIX bajo la dirección del arquitecto Aníbal Álvarez. Dicha restauración eliminó los añadidos posteriores para devolverle su hipotética pureza
medieval original, motivo por el cual hoy luce una simetría y limpieza volumétrica casi perfectas.