El raposo simboliza el gentilicio de este pueblo. Nada es menos cierto que la gente de este pueblo y quienes con frecuencioa la visitamos, seamos lo que por raposo se entiende en esa comarca.Todo lo contrario, la gente es acogedora, abierta y tremendamente sencilla. Así es como podemos decir que es el pueblo mas visitado por sus colindantes.
En la cosas sencillas está muchas veces la belleza.
Copio, copias, copiare, que es gerundio, eh, dicho!...www.trinitarios.org...y vivan los cuernagos del vaticano!
Arturo que majo que estas.
El caserío parece descansar como un rebaño mientras la torre vigila el entorno.
Al fondo, el alto de San Cristobal. En medio, los chopos a la vera del cauce del río Burejo. Delante, grandes fincas, sembradas unas, de barbecho, otras. Es la sinfonía del campo ojedano, mimado por los labradores. Ellos son los artistas.
Las viejas chopas resisten al tiempo, a pesar de sus heridas. Son dos hermanas sentadas entre el río y el pueblo.
Peña Pico es un mirador precioso de toda la Ojeda. En la cima existe un servicio de observación para controlar los incendios. Es una paseo obligado para todo el que quiera conocer esta tierra.
Flores de espino para enmarcar la vega con las montañas de fondo.
Bonito techo con sus adornos para una sacristía recién pintada. La foto se sacó casi sin luz. De todas formas, se puede disfrutar de sus formas y colores.
Es la entrada del pueblo. ¿No se la podría cuidar un poco más? Los árboles adornan la calle. Unas flores no vendráin mal...
El mejor de ese pueblo es Raul, es el más sensato y el más guapo.
Contra viente y marea, entre el cielo y la tierra, la espadaña muestra su poderío entre las ruinas y la desidia de la administración.
Bella vista de un rincón único con la ribera del río Burejo.
San Jorde sigue en pie, como barco a la deriva, en medio del verde campo.