Hermoso ventanal románico.
Algún visitante, muy "sabiondo", se atrevió a decir a los vecinos que esta iglesia tan hermosa no debiera estar aquí. Pero...¿dónde puede estar mejor que en lugar donde nació, con el trabajo de sus habitantes?. Y precisamente ahora, si alguien la cuida, son los vecinos del pueblo. Esta hermosa iglesia está en donde tiene que estar para disfrute de todos y, de forma, especial, de los vecinos del pueblo a quienes pertenece con todo derecho desde hace siglos.
La iglesia tiene otro sabor en un día de fiesta. Era un domingo a la hora de la misa. Poco gente, porque los vecinos son pocos. Pero la iglesia está muy limpia y cuidadada para disfrute de los que venimos de paso, a veces sólo para sacar una fotos. Gracias a todos los vecinos del pueblo.
Me extraña que alguien se atreva a decir que los naturales del pueblo, no valoran lo que tienen, pues si alguien ha cuidado y atiende esta hermosa iglesia, son los vecinos del pueblo. Y gracias a ellos, podemos incluso visitar la iglesia, lo que hacen conb mucho gusto. Otra cosa es que no sepan explicar el valor de cada cosa. Pero ellos como nadie saben que tienen un tesoro en el pueblo y... Lo han mantenido durante siglos.
Desde la ermita se pueden ver otras montañas palentinas, entre las que destaca por su belleza y grandiosidad, el Curavacas.
El pueblo descansa en un recogido valle de La Ojeda. Al fondo, se divisan el Peñalabra, el Pico Tres Mares... Bella estampa de un rincón único por su belleza y arte.
Hermoso pantocrator que preside en lo menos bello apostolado del pórtico de la iglesia.
La ermita vista desde el pueblo.
Otra vista de la ermita, con la cima de Peña Pico al fondo.
Hermosa ermita cercana al pueblo.
¿Los reyes estaban invitados a la fiesta?
La ruina, deja ver entre las vigas, la artísitca belleza de la espadaña vista desde el interior, con un hermoso arco apuntado y dos troneras bien trazadas.
Es el único canecillo que permanece en su lugar, y muy deteriorado, por cierto, seguro que por el intento de llevarselo.
Puesta de sol
Es tu cansado ritmo vespertino,
El ocaso del día que se acaba,
Naciste aurora, canto que anunciaba,
Tu sangre color roja del destino.
Mirabas, de tus luces, ese sino,
Mi estrella que, polar, te acompañaba,
Eres brillo que, en tierra, me alumbraba,
Y eras verso de sol en mi camino.
Boquiabierto, me admira tu presencia,
-la noche enamorada de un lucero-,
Canto suave que alegra mi existencia.
Rosa roja, en tu ocaso te venero,
De silente partida y corta ausencia.
Espejo del ... (ver texto completo)
CHOPOS
Magníficos obeliscos,
Chopos de la carretera,
De Soria; chopos ingentes
De fronda oscura y espesa;
Rectos de la tierra al cielo
En majestuosa hilera.
¡Qué bien montabais la guardia,
Firmes, sobre la cuneta!
Yo os pasaba la revista
Como si fuera una reina.
(ángela Figueroa Aymerich).