ABUELITA LAVANDERA
Cuando era niña corría
alrededor de mi abuela,
en su saya me escondía
para no ir a la escuela.
Eran los primeros días
porque después me encantaba,
decir la lección cantando
como entonces la enseñaban.
Y los lunes por la tarde
cuando salía de la escuela,
iba al arroyo cercano
para ayudar a la abuela.
Allí lavaba la ropa
en piedra de cantería
con aquel jabón casero
que la abuela siempre hacía.
Con el aceite ya usado,
con la sosa y el limón,
removiendo la caldera
hasta que hacía espesor.
Sin necesitar lejía
solo con sol y jabón,
y la ropa le blanqueaba
con el mayor esplendor.
Ya camino de la casa
yo le ayudaba a llevar,
la banqueta que tenía
“pa” poderse arrodillar.
Ella llevaba la ropa
que aún estaba mojada,
y en el patio de la casa
en una cuerda colgaba.
Y cuando ya estaba seca
se ponía a repasar,
por si había algo descosido,
ó algún botón por fijar.
Pa. Sa. Ma.
Cuando era niña corría
alrededor de mi abuela,
en su saya me escondía
para no ir a la escuela.
Eran los primeros días
porque después me encantaba,
decir la lección cantando
como entonces la enseñaban.
Y los lunes por la tarde
cuando salía de la escuela,
iba al arroyo cercano
para ayudar a la abuela.
Allí lavaba la ropa
en piedra de cantería
con aquel jabón casero
que la abuela siempre hacía.
Con el aceite ya usado,
con la sosa y el limón,
removiendo la caldera
hasta que hacía espesor.
Sin necesitar lejía
solo con sol y jabón,
y la ropa le blanqueaba
con el mayor esplendor.
Ya camino de la casa
yo le ayudaba a llevar,
la banqueta que tenía
“pa” poderse arrodillar.
Ella llevaba la ropa
que aún estaba mojada,
y en el patio de la casa
en una cuerda colgaba.
Y cuando ya estaba seca
se ponía a repasar,
por si había algo descosido,
ó algún botón por fijar.
Pa. Sa. Ma.