Os voy a contar una anécdota del año 68, un día de primavera me mandaron con las vacas para el monte de Carrasconte, me mandaron con merienda, sin reloj y para todo el día, llegamos arria y me senté en una sombra, me puse a contar los segundos para calcular el tiempo, cuando me pareció que era la hora comí la merienda y me puse a contar de nuevo, pensé que ya era la hora, y arree las vacas para abajo, cuando llegamos a casa eran las doce y media