Aún no me acostumbro a tu ausencia.
Por momentos te siento cerca de mí, tanto que casi, siento tocarte, creo acariciar esas manos... esas manos que tantas caricias me dieron, tus besos, esos besos que sólo tú solías darme.
Cada
amanecer es lo mismo, grito con todas mis fuerzas ¿Mamita dónde estás? ¿A dónde te has ido? No te me alejes de mí, prometo portarme bien y hacerte muy
feliz, pero tú no me escuchas, tus manos ya no me tocan y tu imagen se desvanece.
Otra vez despierto, sobre mi cama
... (ver texto completo)