XXXV
Mi cuerpo y mi mente se lamentan, ansiosos de Ti;
Oh mi Amado, entra en mi hogar.
Cuando la gente me llama Tu novia, siento vergüenza;
pues mi corazón no ha llegado hasta el Tuyo.
¿Entonces, qué es este amor mío?
No apetezco la
comida, no concilio el sueño;
mi corazón hállase sin sosiego
tanto dentro como fuera de la
casa.
... (ver texto completo)