Publicado el 1 de marzo de 2013 por Emilio G. de la Calzada
La cocina de la casa de mis abuelos en Vegarienza era la estancia más amplia y el escenario por excelencia de la convivencia familiar. A pesar de su amplitud, cuando en verano nos reuníamos casi treinta personas era necesario hacer dos turnos de comida. El primer turno lo hacíamos los nietos que cuando volvíamos tiritando de nuestro baño en el pozo La Puente, ya teníamos los platos con las reconfortantes lentejas que nos devolvían algo ... (ver texto completo)
La cocina de la casa de mis abuelos en Vegarienza era la estancia más amplia y el escenario por excelencia de la convivencia familiar. A pesar de su amplitud, cuando en verano nos reuníamos casi treinta personas era necesario hacer dos turnos de comida. El primer turno lo hacíamos los nietos que cuando volvíamos tiritando de nuestro baño en el pozo La Puente, ya teníamos los platos con las reconfortantes lentejas que nos devolvían algo ... (ver texto completo)