Curado el dedo sin secuelas graves, volví a ello y pronto me subí encima de la barra aprovechando el mojón kilométrico del final del pajar. Como los pies no llegaban a los pedales, tenía que balancearme hacia un lado y a otro de forma que el muslo del pié que estaba arriba pasase por encima de la barra para suplementar la longitud de la pierna que tenía que acompañar al otro pedal hasta abajo. Ahora el cuerpo oscilaba a un lado y otro de la bicicleta, pareciendo en cada pedalada que intentaba bajarme ... (ver texto completo)