En estos primeros días de la primavera el frío iba aminorando su intensidad y el solecillo tenía fuerza para que las manitas de aquellos rapacines de diez años, dejasen de estar pobladas de sabañones y recuperasen su movilidad habitual. Al mismo tiempo el agua de los charcos de aquel callejón ancho y asimétrico que se extendía entre el muro que separaba las vías de la estación de Matallana y las partes traseras de las casaas del Espolón se iba evaporando. En aquella época no había apenas automóviles, ... (ver texto completo)
Peña, una cosa que me sorprende es como recuerdas todo y como lo escribes... vaya memoria.....
Un Abrazo
Un Abrazo