La quietud transita, de aldea en aldea,
El sigilo, las pausas alargadas,
La avecilla en el
árbol canturrea,
Y queda el tiempo, pasan las miradas
Y el
espejo de sí mismo golpea
La mediocre de las gentes infectadas,
Tan urbanas, hambrientas de lo fútil
Creando larvas en un mundo inútil.