... El humo manaba con el aroma de los panecíllos que, con mucho cuidado eran colocados en el
horno después del lento amasado. Todo
San Mamés olía en la media mañana aquella dulce presencia que marcaría el rito sagrado de la
fiesta.
Cocidos hasta lograr una dorada corteza, saltan los panecillos del horno como pequeños peces que salpicaban su algazara, empujados de la pala a la cesta, ante el gesto expectante de los niños que se agolpaban para contemplar a las madres hacendosas.
-Andar, chachos,
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