... Estalló la
tormenta como una tolvanera de hielo encendido y se precipitó la
noche sobre las campas del Moriscal. Por la vertiente del arroyo helado vio don Genaro a la manada apiñada que huía salvando el espacio abierto, al resguardo del
monte.
Cobijado en la peña, donde solía hacer su vigilancia, sintió el caballero el hondo temor de la tormenta desatada, que crecía con el filo cortante y que haría imposible el regreso a la cabaña. Y en el estrépito de la tolvanera creyó escuchar un agudo relincho,
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