Mi padre me recordaba muchas veces que a los nueve años habían salido los criados de la
casa de su padre y que no había ido a la
escuela. Que en una
noche de
invierno, recibiendo clase del Maestrín de
Campo, ya mocito, había aprendido los números quebrados. Me hablaba de las cuatro reglas, de los problemas de falso supuesto, de la prueba del nueve y del número Pi, de ortografía y me relataba que a no sé quien le había preguntado el Maestrín como se escribía: " bigote del tio Cros" y el no sé quien
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