¡Hola,! no me lo puedo creer, ¡acertéeeeee! pues ha sido de milagro.
Os deseo una buena
noche y una reflexión de nuevo:
Si yo tuviera que pedirle a Dios un don, un solo don, un regalo celeste, le pediría, creo que sin dudarlo, que me concediera el supremo
arte de la sonrisa. Es lo que más envidio en algunas personas. Es, me parece, la cima de las expresiones humanas.
Hay, ya lo sé, sonrisas mentirosas, irónicas, despectivas y hasta ésas que en el
teatro romántico llamaban «risas sardónicas».
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