EL CORDERO Y EL LOBO
Uno de los corderos mamantones
que para los glotones
se crían sin salir jamás del prado,
estando en la cabaña muy cerrado,
vió por la rendija de una puerta,
que un caballero lobo estaba alerta;
en silencio esperando astutamente,
una calva ocasión de echarle el diente;
mas él que bien seguro se miraba,
así le provocaba:
- Sepa usted, señor lobo, que estoy preso
porque sabe el pastor que soy travieso;
mas si él no fuese bobo,
no habría ya en el mundo ningún lobo;
pues yo, corriendo libre por los cerros
sin pastores ni perros
con sólo mi pujanza y valentía
contigo y con tu raza acabaría.
- ¡Adiós, exclamó el lobo, mi esperanza
de regalar a mi vacía panza!
Cuando este miserable me provoca
es señal de que se halla de mi boca
tan libre como el cielo de ladrones.
Así son los cobardes fanfarrones
que se hacen en los puestos ventajosos
más valentones cuanto más medrosos.
Uno de los corderos mamantones
que para los glotones
se crían sin salir jamás del prado,
estando en la cabaña muy cerrado,
vió por la rendija de una puerta,
que un caballero lobo estaba alerta;
en silencio esperando astutamente,
una calva ocasión de echarle el diente;
mas él que bien seguro se miraba,
así le provocaba:
- Sepa usted, señor lobo, que estoy preso
porque sabe el pastor que soy travieso;
mas si él no fuese bobo,
no habría ya en el mundo ningún lobo;
pues yo, corriendo libre por los cerros
sin pastores ni perros
con sólo mi pujanza y valentía
contigo y con tu raza acabaría.
- ¡Adiós, exclamó el lobo, mi esperanza
de regalar a mi vacía panza!
Cuando este miserable me provoca
es señal de que se halla de mi boca
tan libre como el cielo de ladrones.
Así son los cobardes fanfarrones
que se hacen en los puestos ventajosos
más valentones cuanto más medrosos.