LA VEGA DE ROBLEDO: varias etapas:...

varias etapas:

A) RESTOS ARQUEOLÓGICOS PRERROMANOS:
En los salientes de la Peña del Castillo (Senda de los Años [Al norte, a mitad de la peña], Senda de los Lirios [ Bajo el trozo grande de muro del castillo, que está al mediodía], Senda de los Furacones [ Da acceso a los dos grandes agujeros que hay en la parte central, bajo la carretera, mirando hacia pueblo] - entre otras) y en las huertas del Trabanco (barrio que se hallaba en la falda sur de la peña) se hallaron restos que acreditan la función de acrópolis y baluarte de la roca desde tiempos antigüos:

Cerámicas: En las pedreras de los restos del castillo - situadas en las sendas de la Peña del Castillo o bien en las laderas próximas del Norte y del Sur - hay restos de pucheros o vasos de arcilla hechos a mano, que podrían remontarse a etapas prehistóricas, en que se desconocía el torno. Y es que se trata de una cerámica hecha a mano, incluso con huellas de dedos y uñas (por cierto de pequeñas dimensiones, ¿femeninos?) y de las ramas de retama, utilizadas en su fabricación. Hay cerámica roja y gris, y restos de vasos y de recipientes de grandes proporciones, a juzgar por su espesor. Cabe la posibilidad de que fuesen hechos a mano por no tener torno (por pobreza), no por no conocer el torno.

Hachas de piedra: Se apreciaban, hasta no hace muchos años, en las familias de ganaderos de la zona, las "piedras de rayo", como utensilios para hacer incisiones a los animales, sin que la herida se infectase. En realidad se trata de hachas de piedra (pulidas)- cuarcitas o areniscas duras, en la mayoría de los casos - que podrían remontarse a una época en que la piedra era el material normal de los instrumentos. Y, al aparecer los metales, en un primer momento, se dudaría de ellos y se pasaría a sobrevalorar lo anterior, hasta sacralizarlo como más sano (no infecto).

Piedras de molino de mano, a veces trozeadas, se han hallado al cavar zanjas o cultivar las huertas del Trabanco. Incluso se hallaron piedras de molino de 1 m. (más o menos) de diámetro. Algunas estaban hechas de aglomerado, cimentadas a "calicanto", y con gravilla de cuarzo del tipo de Soto y Amío.

Piedras-asperones: En las escombreras de la fortaleza (por cierto muy escasas) aparecen piedras de afilar. No se hallan en buen estado ya que han caído desde la roca, pero los trozos atestiguan su existencia, y sus usos. Algunas de estas piedras son anchas y se parecen a las piedras usadas para moler el grano en los castros prerromanos del Noroeste Peninsular. Otras son claramente piedras de afilar. Y es que es fácil suponer que las herramientas de hierro eran afiladas en rocas graníticas, y que, mientras en las defensas los soldados vigilaban o espiaban al enemigo, ocupasen el tiempo poniendo a punto sus armas (cuchillos, lanzas, espadas...) y también que algunas de las piedras cayesen o se usasen luego como armas arrojadizas.

Piedras-martillo: Algunos cantos rodados, cuya forma se adapta a la mano, presentan una superficie que fue usada para golpear repetidamente

También se han hallado puntas de flecha (de hierro), de los dardos lanzados con arco. La mayoría de las que se encontraban en las sendas de la peña - por ejemplo en la "Senda de los Años" - tenían la punta doblada de haber chocado con la roca antes de caer. Su longitud se sitúa en unos 13 cms. Tenían un espigón, de unos 4 cms., para incrustarse en la varilla de madera. El cuerpo se iniciaba en un cubo que culminaba en fina punta cuadrangular. Véase un apunte, a tamaño natural: fig. 1.

Las puntas de lanza, menos abundantes, tal vez caídas desde las defensas, consistían en una hoja de unos 25 cms de larga, acabada en un tubo producido al doblar la hoja para encajar el asta.