Hacia 1970 se le quedó a mi padre una
cabra encarbada en la peña de Sucacabrón. Para desencarbarlas había que atarse con sogas y bajar hasta el precipicio y sacarlas. Pues cuando ya mi padre estaba próximo a ella, dió un salto y se tiró abajo. El ya la daba por perdida porque creyó que se había matado, que era lo normal, pero su sorpresa fué que por la
noche apareció en la corte que teníamos en
casa de Torcuato, sin un rasguño.
Pero no paró aquí la aventura de esa cabra. Un tiempo después estaba
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