En este tiempo de cuaresma y de papas renunciantes porque la carga del cargo los abruma, me viene a la memoria un grato recuerdo olorífico de la infancia. Salir de la escuela al medio día, quedarme rezagada para intentar librar los empujones y la aglomeración de la salida, caminar por el barro o por la nieve haciendo equilibrísmo con las madreñas... siempre ensimismada y soñadora, hasta que algo me sacaba de la ensoñación. El olor maravilloso a fritos con aceite de oliva que salía por las ventanas
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Me gusta tu
mensaje. En elcentro de la
Argentina, pcia de Buenos Aires, donde vivo no hace tanto frío, sin embargo el salir de la
escuela empujando los zapatos, con hambre y frío también me sucedía. Y el olor que salía de las
casas aumentaba las ganas de
comer.
No ese plato que mencionas, aquí el puchero era una
comida muy popular.
Nelba