Cuando yo era niño y veía a Ángel montado a
caballo, picando la pareja uncida a un
carro cargado de hierba, o de manojos de centeno, o arreando las
vacas, o colaborando con los demás vecinos para llevar el motor y la degranadora a
la era que correspondiera para las majas, y tenía que levantar la cabeza hasta el punto de partirme las cervicales, que entonces no sabía yo lo que eran, porque según la definición de alguien, yo era un “loco bajito”, creía que Ángel era un superhombre, que dicen ahora.
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