Nos lo contaban las madres cuando éramos pequeños, claro como no había consola, (bueno ni consola ni tele).
Decía: ¿quieres que te cuente el cuento de la buena pipa? Todos: ¡si!, (muy contentos). Volvía a decir cómo si no la hubiéramos oído: ¡que si quieres que te cuente el cuento de la buena pipa!.
Nosotros contestábamos: ¡que ya te dijimos que sí!. Repetía alzando la voz: ¡que no te digo ni que sí ni que no, que te digo: que si quieres que te cuente el cuento de la buena pipa!.
Nosotros, ya a voz en cuello: ¡que te hemos dicho que sí!. Vuelta a repetir: ¡que no te digo ni que sí ni que no, que te digo: que si quieres que te cuente el cuento de la buena pipa!.
Nosotros, desconcertados y gritando: ¿cómo te tenemos que decir?: ¡que sí! Todos desesperados ya no sabíamos que decir, hasta que se reía y caíamos en cuenta que “eso era el cuento”.
Decía: ¿quieres que te cuente el cuento de la buena pipa? Todos: ¡si!, (muy contentos). Volvía a decir cómo si no la hubiéramos oído: ¡que si quieres que te cuente el cuento de la buena pipa!.
Nosotros contestábamos: ¡que ya te dijimos que sí!. Repetía alzando la voz: ¡que no te digo ni que sí ni que no, que te digo: que si quieres que te cuente el cuento de la buena pipa!.
Nosotros, ya a voz en cuello: ¡que te hemos dicho que sí!. Vuelta a repetir: ¡que no te digo ni que sí ni que no, que te digo: que si quieres que te cuente el cuento de la buena pipa!.
Nosotros, desconcertados y gritando: ¿cómo te tenemos que decir?: ¡que sí! Todos desesperados ya no sabíamos que decir, hasta que se reía y caíamos en cuenta que “eso era el cuento”.