Nevó. La Turriente y el Prao las Cortinas no lanzaban guiños verdes de escoba ni ocres otoñales de haya. Nevó y los pájaros se callaron. Sólo de vez en cuando un cuervo negro rompía con su vuelo y su graznido la monotonía blanca del paisaje. Jamás un cuervo fue tan negro ni su graznido tan estruendoso. De vez en cuando también, el ruido apagado de un motor. Polvoredo olía a nieve y a hornera en el puente de la Constitución. Las costillas adobadas, los chorizos a medio curar, las morcillas negras ... (ver texto completo)